Los agentes de IA prometen comprar por nosotros, pero las plataformas donde deberían hacerlo tienen sus propios intereses: quieren que veamos sus anuncios, descubramos los productos que promocionan y sigamos usando sus asistentes. Por eso, el conflicto entre Amazon y los agentes externos va más allá de quién puede entrar a una web. Lo que está en juego es quién controla la relación con el cliente.
Hace tiempo se habla de asistentes de IA autónomos, pero cuando se lanzó Instinct el mercado cambió y su viralización forzó a que Meta lance Muse, su propia versión, y que Anthropic ya anuncie la suya… ademas de, al menos, otras dos docenas de opciones dando vueltas; para muchos “esto cambia todo” porque los agentes pueden hacer todo lo que le pidas, pero la realidad es que Internet no es el campo abierto que todos imaginan sino un jardín vallado donde los gigantes no van a dejar que alguien los saque del juego.









